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sábado, 29 de septiembre de 2012

Padre Baltasar Álvarez


Este sacerdote ha sentido como nadie la seducción que el amor de Dios provoca en los corazones de sus hijos:

¡Señor, me sedujiste!

Jugabas con la esfera de memoria
y tus dedos marcaban continentes,
repasabas las hojas de la historia,
los pueblos, las naciones y las gentes,
y se paró tu dedo ilusionado,
marcó el tiempo, el lugar y procedencia,
y de gente y lugar determinado
fijaste mi existencia
y me trazaste un plan bien meditado.

¿Qué esperabas, Señor; del pobre barro
que a la vida salía de tu mano
sino el riesgo quebradizo del cacharro?

Tú me sabes, Señor: sueños en vano,
rotas vasijas al primer descuido.
Y sonríes. Y este pobre embobado,
en silencio, sin voces y sin ruido,
escucha tu palabra emocionado.

       ¡Señor, me sedujiste!

Me quemaba el corazón tu fuego.
Tus ojos y tu faz eran un ruego;
con tu dulce mirar me convenciste.

¡Y aún sigo seducido, amor divino!

Cuando pases delante de mi casa
hambriento y fatigado del camino,
entra, Señor; acepta el pan y el vino
y disfruta del calor que a mí me abrasa.


Difícilmente puede expresarse mejor y con mayor fuego el amor de Dios dentro de un alma.

3 comentarios:

  1. ¿Es realmente este poema del Padre Baltasar Álvarez? ¿En que obra o lugar aparece? Me interesa saberlo por la belleza del poema y porque el Venerable Jesuita es oriundo de Cervera del Río Alhama, mi pueblo. Gracias, un saludo desde La Rioja

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  2. No es del Venerable Jesuita, sino de un anciano sacerdote de los Operarios Diocesanos, recientemente fallecido en la residencia de San Cristobal de Majadahonda de Madrid.
    No lo tiene publicado y se que había escrito innumerables poemas de la mayor espiritualidad y calidad literaria.

    Un saludo

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  3. Gracias Julio. Entonces es que se llamaban igual. El Venerable Padre Baltasar Alvarez fue un jesuita del S.XVI, confesor de Santa Teresa de Jesús y gran místico.

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