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sábado, 29 de septiembre de 2012

El Reino de Dios y el Reino de Cristo


Hay que distinguir lo que es el Reino de Dios en sentido amplio de lo que es el Reino de Cristo en específico. Esta falta de distinción llega a  confundir fácilmente, pues existe la creencia común de que el Reino de Dios sólo se va a realizar y tendrá lugar únicamente en el Cielo y en la vida eterna, y no se hace mención al Reino de Cristo en la tierra, o en su caso, se suele identificar este Reino de Cristo en la tierra con la vida de la Iglesia que se extiende por todo el orbe.

En la Sagrada Escritura se utiliza en ocasiones el término Reino de Dios para definir varios significados distintos y al mismo tiempo integrantes de una misma realidad y de un mismo plan divino. Es una especie de diversidad dentro de la unidad querida por Dios. Así tenemos por ejemplo:
El Reino como reino de la verdad, el cual existe desde que nace Cristo y viene “al mundo para dar testimonio de la verdad” (Juan 18,37), tal  y como se lo dijo a Pilatos.

El Reino como reino espiritual de las almas. Para hablar de este reino citamos a San Lucas que dice: “El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: vedlo aquí o allá, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros

El  Reino como reino de la gracia a través de la Iglesia. Este reino de gracia es el que prepara al reino de gloria. El reino de gloria no se alcanzará sino por medio de la gracia, que se realiza y florece en lo íntimo del alma, en el seno de la Iglesia. Así por ejemplo tenemos el texto de San Pablo a los romanos que dice: “Porque el Reino de Dios no consiste en comer ni beber, sino en justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo

El Reino como reino de los Cielos. Este es el Reino de Dios que habrá en la vida eterna en el cielo, después de la última resurrección. De hecho, existe hoy en día este Reino de Dios sobre las almas bienaventuradas  y sobre el mundo angélico porque Cristo es Rey de todo lo creado, y existe también como reino espiritual por la verdad y por la Iglesia. Es pues el reino de los cielos plenamente perfecto sin sombra del mal y que se dará en la vida eterna.

El Reino como reino de Cristo en la tierra. Este es el reino del que habla el capítulo 20 del Apocalipsis. Jesús ante Pilatos se proclama abiertamente Rey y el Apocalipsis dice que vendrá como Rey y Juez al final de los tiempos; y la Iglesia celebra la fiesta de Cristo Rey.

Primer efecto: Unos resucitarán antes del Juicio Final.

Muchas cosas van a suceder en este Reino de Cristo en la tierra. De inicio habrá una primera resurrección.

Objeciones

No falta quien interprete que los “mil años” de los que habla San Juan comienzan a partir de la institución de la Eucaristía en la última cena por parte de Jesucristo, o a partir de su Ascensión a los Cielos, por lo que estos dos mil años de historia de la Iglesia serían en realidad el llamado Milenio del capítulo 20. Existen autores católicos y una corriente importante dentro de la Iglesia  que afirma que ya estamos viviendo este Reino Milenario de Cristo, que empezó con la muerte de Cristo en la cruz y se manifestó desde el día de Pentecostés, cuando el Reino de Cristo tomo cuerpo en la Iglesia visible. Así, todas las profecías de este reino mesiánico se están realizando progresivamente hoy en día con “el triunfo de la Iglesia” que poco a poco va conquistando al mundo hasta que llegue la supremacía espiritual y moral de la Iglesia sobre todas las naciones. No obstante, esta interpretación no la podemos admitir pues querer asimilar el Milenio con los dos mil años de la Iglesia trae un efecto distorsionado y caótico de las Sagradas Escrituras.

Reino de Cristo y Reino de los Cielos

Otros muchos creen que el Reino de Cristo no tendrá cumplimiento hasta el fin del mundo, con el inicio de la vida eterna en el Reino de los Cielos. Pero no es esto lo que dicen las Escrituras.

Es claro que este Reino de Cristo se realizará en la tierra. En la oración del Padre Nuestro, las tres primeras peticiones, es decir,

                    “santificado sea tu Nombre”
                    “venga a nosotros tu Reino”  
                    “hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo”

solo pueden tener sentido si son para cumplirse en la tierra, ya que en el Cielo están dadas y cumplidas totalmente. Así, el pedir “santificado sea tu Nombre” tiene que ser una petición para la tierra puesto que en el Cielo se cumple a la perfección. Lo mismo “venga a nosotros tu Reino” implica pedir que venga a la tierra, pues si fuera el reino de los cielos tendríamos que pedir no que viniera sino que nosotros fuéramos a él. Y lo mismo respecto a la tercera petición que por si misma se explica: “hágase tu voluntad en la tierra como (se cumple) en el cielo”.

Por otro lado,  tenemos la cita de la Anunciación del ángel a María en la que le dice que “este (su hijo Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin”.

Aquí es claro que se le promete a Jesús que ese reino no puede ser en el cielo, sino en la tierra, porque el trono de David no estuvo en el Cielo sino en Jerusalén.

Lo mismo se aplica a las palabras de Cristo a Pilatos y que según el original griego dicen “…mi Reino no es de este mundo….más ahora mi Reino no es de aquí..”

Por tanto, su Reino ahora no es de aquí, pero lo será cuando lo instaure en la tierra a partir de la Parusía.

Pero para que venga el reino ha de venir antes su Rey a establecerlo.

 El Señor ha querido que su Iglesia le pida de forma “oficial” su vuelta a la tierra. En efecto, Pablo VI realizó la reforma de la Liturgia y modificó la Misa, hasta entonces vigente, de San Pío V. En la modificación de la Misa introdujo, inmediatamente después de la Consagración, cuando el sacerdote anuncia a los fieles: “Este es el Sacramento de nuestra Fe” y los fieles responden en una de las fórmulas creadas y que ha tenido mayor aceptación de los fieles: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!. Es decir, la Iglesia, en su oración oficial, la Santa Misa, le pide al Señor que venga, empleando la última frase con que concluye el Apocalipsis.

Sabemos que el Señor no le niega nada a su Iglesia, y si ésta, de la forma más solemne y oficial, en la Misa, le pide su vuelta, el Señor volverá.

Si el Señor ha de volver para fundar su Reino en la tierra, antes nos lo ha venido avisando desde hace siglos y siglos a través de sus profetas, sus santos y sus almas santas a lo largo de toda la historia de la humanidad.   

 Veamos, por tanto, que es lo que nos ha dicho el Señor a través de sus profetas empezando por Daniel.


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