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sábado, 29 de septiembre de 2012

San Egidio


En el Real convento de Santa Cruz de Coimbra se conserva la siguiente predicción de San Egidio, vulgarmente llamado San Fray Gil. La predicción está distribuida por números, y a lo que a nosotros interesa es lo que está comprendido entre los números 10 y 18. Está en latón y escrito en latín. Su traducción dice así:

11.     Portugal, huérfano de sangre real, gemirá por largo tiempo. Pero Dios te será propicio. La salvación  vendrá de lejos y serás redimido inesperadamente por un no esperado.
12.     El África será sojuzgada.
13.     El imperio otomano desaparecerá
14.     La Iglesia tendrá mártires.
15.     Bizancio será subvertida.
16.     La casa de Dios será recuperada.
17.     Todas las cosas sufrirán cambio.

Esta predicción consta, como vemos, de siete partes, unas cumplidas y otras por cumplirse. La primera anuncia la desaparición de la monarquía en Portugal. En 1908 fue asesinado en Lisboa, por mandato de la masonería[1], el rey D. Carlos de Saxe-Coburgo-Gotha con su hijo primogénito D. Luis Felipe. En 1910 era destronado D. Manuel II, último rey de Portugal. Lo demás está pendiente de cumplirse pero aquí se anuncia una restauración de la monarquía de forma inesperada por un “no esperado”. Veremos en las siguientes profecías como se va concretando estas predicciones.



[1] L. Galuá, obra citada

San Juan Bosco


Fue el fundador de los Salesianos, vivió desde 1815 a 1886 y ha sido uno de los santos más extraordinarios con el especial carisma de los sueños proféticos.

En 1862 ve la nave del Papa con otras muchas, atacadas. Un Concilio que al arreciar la tempestad se interrumpe, lo que se cumplió en 1870 al interrumpirse el Concilio Vaticano I. Luego la borrasca se vuelve espantosa. El Papa dirige la nave hacia dos columnas: la Eucaristía y la Virgen (esto es lo que ya ha hecho el anterior Pontífice Juan Pablo II). Las naves enemigas la atacan duramente. El Papa cae herido y le ayudan a levantarse, vuelve a caer herido y muere (¿se referirá al Papa Benedicto XVI?, eso solo Dios lo sabe), los enemigos se alegran lo indecible, creen que han vencido, pero otro Papa es elegido rápidamente y guía la nave hacia las dos columnas. Finalmente se produce  gran confusión entre los enemigos y se destruyen mutuamente. Termina haciéndose una gran calma en el mar.

El pecado tendrá fin, y antes que aparezcan dos plenilunios en el mes de las flores el iris de la paz aparecerá sobre la tierra. El gran Ministro (el gran Papa), verá a la esposa de su Rey  (la Iglesia) vestida de fiesta. En todo el mundo aparecerá un sol tan luminoso como jamás existió desde las llamas del Cenáculo hasta hoy, ni se verá otro semejante hasta el fin de los días.

 Ahora debemos preguntarnos quien es ese gran Monarca que ha de protagonizar los acontecimientos que conducirán al triunfo de la Iglesia y al establecimiento del reino de Cristo en la tierra. Sabemos por la profecía de Santa Brígida que el Gran Monarca será procedente de España. San Vicente nos dice que España dispondrá la justicia. Veamos lo que nos dicen las profecías.

San Vicente Ferrer


Pertenecía a la Orden de Predicadores y vivió de 1350 a 1419. Se le considera uno de los mayores predicadores y taumaturgos de la historia. Anunció un tiempo de relajación religiosa y catástrofes como no lo ha habido ni lo habrá. “Advertid que en aquel tiempo las mujeres se vestirán como hombres y se portarán según su gusto, licenciosamente, y los hombres vestirán vilmente como las mujeres”. Pero Dios lo purificará y regenerará todo, la tristeza se convertirá en gozo cuando Francia estará del todo abatida y España dispondrá la justicia (Sermón Timete Deum, dado en Barcelona).

En una aparición de la Virgen Santísima en 1932, en Ezquioga a la niña Benita Aguirre, confirmó lo dicho por San Vicente Ferrer diciendo: “Haced oración, penitencia y sacrificios, de lo contrario vendrán terribles castigos y perecerá una tercera parte de la Humanidad... Está cerca el fin. Cuando las mujeres no se distingan de los hombres por su manera de vestir, pensad que tenéis encima el fin de los tiempos.

Más adelante veremos con mayor detalle lo dicho por la Virgen en estas apariciones de Ezquioga.

Por tanto ya sabemos que los acontecimientos profetizados tendrán lugar en esta etapa de la historia en que la mujer viste al igual que los hombres y su moral deja tanto que desear al comportarse igual de licenciosamente que los hombres. Conocemos los tiempos en que han de ocurrir estos acontecimientos. Veamos ahora como reaccionará la Iglesia frente a la inminencia de esos sucesos.

Venerable Bartolomé Holzhausser


Sacerdote alemán fundador de diversos seminarios y restaurador de la vida espiritual en su patria murió en Bingen cerca de Maguncia en 1656. Dotado de espíritu profético, se cumplieron, aun viviendo él muchas de sus predicciones. Una famosa profecía de este sacerdote dice:

“Amarán los hombres vivir con libertad, como los peces en el mar y las aves en el aire, siguiendo sus concupiscencias y deseos, para que cada cual crea y obre lo que quiera, según lo describe San Judas en su Carta Católica. Los preceptos divinos y humanos serán despreciados; los sagrados cánones serán tenidos por nada... Muchos millares de cristianos, aunque conserven el nombre de católicos por algún respeto o temor humano, estarán interiormente muertos en el ateismo, indiferentismo, calvinismo, falsa política y odio a los eclesiásticos. Pero no faltarán en este tiempo de desolación algunos amigos del Señor que, como luz del mundo y lámpara colocada en lugar oscuro, brillarán en la tierra para que no sea del todo envuelta por las tinieblas. Y aquel Monarca fuerte que ha de venir, destruirá las repúblicas por sus fundamentos”.

Empieza el Venerable Holzhausser por profetizarnos la época liberal en que vivimos al interpretar el versículo 18 de la Epístola Católica de San Judas: “Los cuales os decían  que en los últimos tiempos vendrán unos embaucadores que, siguiendo sus caprichos, andarán en impiedades”.

Esta profecía concuerda con las anteriores y nos cita también la venida de un Monarca fuerte que destruirá las republicas por sus fundamentos.

Este sacerdote es autor de un sabio comentario sobre el Apocalipsis de San Juan, que constituye otra verdadera profecía. Divide la historia de la Iglesia en siete períodos:

1º Desde los tiempos de Jesús hasta Nerón (1-68).
2º Desde Nerón hasta el emperador Constantino el Grande (68-337).
3º Desde Constantino a Carlomagno (337-814).
4º Desde Carlomagno hasta la Reforma (814-1515).
5º Desde la Reforma hasta los tiempos de un poderoso Monarca y Gran Papa, que abrirán la sexta época.
6º Restauración de la gran Monarquía y triunfo del Catolicismo hasta la aparición del Anticristo.
7º Dominio del Anticristo hasta la segunda venida de Nuestro Señor.

Cada uno de estos periodos se corresponde con una de las siete iglesias cuyas cartas recoge el Apocalipsis. La quinta iglesia, que se corresponde con el quinto periodo de la historia, es la iglesia de Sardes, sinónimo de riqueza material y tibieza y frialdad espiritual (Sardes era la capital del rey Creso, prototipo de riqueza), a la cual se dice: “Tienes nombre de vivo (todo eso de derechos del hombre, adelantos técnicos..) y estás muerto (ateismo, inmoralidad y relajación por todas partes, es el reino de la injusticia)”. Bien actual el consejo, cuando sólo se buscan novedades: “Recuerda lo que recibiste y oíste, y consérvalo y conviértete”; “sólo unos pocos no se han manchado”. El final: “llegaré como ladrón”, es lo mismo que 16,15, : “vengo como un ladrón”.

 La sexta iglesia, Filadelfia, significa amor de hermanos, el triunfo de la Iglesia Católica, la conversión del Mundo: “He puesto ante ti una puerta abierta que nadie puede cerrar”, (para los primeros cristianos abrírseles la puerta era conseguir la conversión). La iglesia de Filadelfia será la de mayor duración de la historia, será el establecimiento del Reino de los santos del Altísimo que profetizó Daniel, será la venida del reino de los Cielos por el que pedimos en el Padrenuestro y empezará con el gran Monarca y el santo Pontífice que inauguran esta etapa de la historia. En el paso de Sardes a Filadelfia todos los comentaristas ponen la gran tribulación o día de Yahvé.

En el curso de la 5ª edad, dice el Venerable Holzhausser, los católicos serán oprimidos por los herejes y malos cristianos. Habrá calamidades y guerras tremendas.
Los reinos serán convulsionados, los tronos destruidos, los principios socavados.
Mediante conjuraciones se fundarán republicas. La Iglesia y sus ministros serán despojados. Pero a la sexta edad, de improviso, tendrá lugar, por obra de la mano de Dios, tan maravillosa mutación, que nadie puede figurársela.

Aparecerá un grande y santo Pontífice y un poderoso Monarca enviado de Dios, que pondrá término al universal desorden.
Sujetará todo a su poder y mostrará celo por la Iglesia de Cristo.
Todas las herejías serán sepultadas en el infierno, de donde salieron. El imperio de los turcos será quebrantado y todas las naciones adorarán a Dios en su verdadera Fe Católica y Romana. Reinará entre los hombres el amor y concordia, la paz y felicidad.
El gran Monarca tendrá casi todo el mundo como patrimonio suyo. Con la ayuda del Señor, libertará la tierra de tristezas, ruinas y males.
Él hará que pueda celebrarse un Concilio, que será el mayor que haya habido, para poner término a tan grandes tribulaciones.
Hará cumplir sus decretos y Dios bendecirá y pondrá todas las cosas en sus manos.
  
Podemos preguntarnos cuando acaecerán todos los acontecimientos descritos en las anteriores profecías. Hay profetas y profecías que responden a esa pregunta. Veamos que nos dice San Vicente Ferrer:

Santa Hildegarda


Esta abadesa alemana que vivió entre los años 1098 y 1180 profetizó que:

Dios se servirá de una nación inmunda y cruel, del extremo del mundo, para castigar a la cristiandad. Cuando el hijo de perdición (un anticristo) sea derrotado, la Iglesia brillará con una gloria sin igual, se reformarán las costumbres, se convertirán los infieles y judíos. Durará hasta la última crisis precedente a la segunda venida de Cristo”.

Esta profecía vemos que concuerda con la anteriormente expuesta de Santa Brígida y la categoría de Santa Hildegarda hizo que los Bolandistas dijeran
que pecaría de orgullo quien rechazase sus profecías anteponiendo su juicio al de tantos eminentes personajes que las aceptaban.

Esta profecía nos da también una pista importante: Habla que cuando el “hijo de perdición sea derrotado, la Iglesia brillará con una gloria sin igual,..” Es decir nos habla de un anticristo que no es el Anticristo definitivo que será vencido en la crisis precedente a la segunda venida de Cristo. Por tanto el paso a esa nueva etapa de la historia en la cual se implantará el Reino de Cristo en la tierra, exigirá que, previamente sea derrotado el anticristo de esa generación, pero no se refiere al espanto de la etapa final de Laodicea en donde el Señor permitirá que por un corto tiempo sean perseguidos los santos del Altísimo por el último Anticristo.

En cada generación de seres humanos se produce la lucha entre las dos ciudades de San Agustín: la ciudad de Dios, formada por todos los hijos de Dios que anteponen la voluntad de Dios a la suya propia, frente a estos santos están los de la ciudad de los hombres, que rechazan a Dios y a su Mesías y a su Iglesia. Estos constituyen el anticristo de cada generación y Satanás siempre encuentra entre ellos la persona o personas que encabezarán el ejercito de los enemigos de Dios, ya se llame Magencio luchando contra Constantino, ya se llame Cosroes, que luchará contra el emperador cristiano Heraclio,  Mahoma, que al inventar el Islam, crea un anticristo que hará derramar sangre y lágrimas a la Cristiandad durante siglos y que aún sigue siendo su enemigo permanente; ya se llame Lutero, que destruyó la Cristiandad y así sentó las bases para los ataques más feroces que habría de sufrir la Iglesia en los siglos posteriores por los anticristos de cada siglo, ya sean Voltaire, Lenin, Stalin o Hitler.  

Santa Brígida


Noble sueca madre de Santa Catalina de Suecia profetizó:

Antes de que venga el Anticristo se abrirán las puertas de la fe a algunas naciones, en las cuales se cumplirán las palabras de la Escritura: “Un pueblo que no sabe me glorificará y los desiertos serán edificados para mí”: (Isaías LV, 5).

Después serán muchos los cristianos amadores de herejías, y los inicuos perseguidores del clero y los enemigos de la justicia.

Finalmente vendrá el más criminal de los hombres, el cual, unido con los judíos, combatirá contra todo el mundo y hará todo esfuerzo para borrar el nombre de los cristianos. Muchísimos serán muertos.

 Tendrá fin aquella funestísima guerra cuando sea proclamado un  emperador engendrado en la estirpe de España, quien vencerá maravillosamente con el estandarte de la Cruz, será el que ha de destruir la secta de Mahoma y restituirá el templo de Santa Sofía. Suecia se convertirá y también muchos paganos con admirable fervor.

Para saber si las profecías de una santa son verdaderas o son simplemente ilusiones de un alma santa hay que ver si alguna de sus predicciones referentes al pasado se han cumplido ya.

Dice en el párrafo primero que “antes de la venida del Anticristo se abrirán las puertas de la fe a algunas naciones y que estas naciones serán desconocidas.

Pues bien, en 1492 se descubría América y a partir de ese momento el Nuevo Mundo recibía la fe con una rapidez y universalidad asombrosa y no solamente América: las Indias Orientales, China, Japón, las Islas del Pacífico, recibieron a los misioneros que España y Portugal les enviaron, luego se cumplió lo que la princesa había profetizado en el párrafo primero.

El párrafo segundo anuncia tres cosas distintas y sucesivas: “la aparición de herejías; el anticlericalismo y la injusticia”. Son tres períodos: el de las herejías, el del anticlericalismo y el de la injusticia.

El primer periodo se abrió con Lutero, que se reveló contra el Papa, encubierta e hipócritamente en 1517, y descaradamente cuando vio que tenía ya partido, en 1521. A favor de esta rebeldía que nació de la soberbia despechada, comenzó a perdérsele el respeto a la autoridad pontificia, prevaleció el espíritu privado y con él una multitud de herejías que acabarían en la paz de Westfalia. Se confirma plenamente la profecía de la santa con respecto a las herejías al igual que se confirmó la fe de las nuevas naciones.

Viene luego el anticlericalismo. En el siglo XVIII aparece la filosofía y la Enciclopedia, obra de la Masonería, sociedad que empieza a actuar en el siglo XVII con sujeción a un plan perfectamente concebido y llevado a la práctica con un misterio y una sagacidad que son el secreto de su éxito.
Conociendo perfectamente la psicología de las muchedumbres, no fue directamente contra su fe, muy arraigada en las conciencias por una tradición cristiana de muchos siglos. Sus ataques en los países católicos se dirigieron contra el clero realizando una campaña feroz de descrédito contra los eclesiásticos, con objeto de desprestigiarlos ante los fieles, apartar a estos de la recepción de los sacramentos que solo aquellos pueden  administrar, y alejarlos del culto divino y de su centro, el sacrificio de la misa, para conseguir así matar toda manifestación externa y social de la religión relegándola al interior de cada conciencia, seguros de que por este medio la religión acabaría disolviéndose en un vago y difuso sentimentalismo individual, que es por donde acaba la religión del espíritu privado.

El tercer período es el de la injusticia. Al llamarlo así la santa, no se refiere a las injusticias individuales y aisladas, que siempre las hubo. Se refiere a una injusticia colectiva que da carácter a esta época, a la injusticia erigida en Ley, a la injusticia vestida con la toga del derecho y entronizada bajo el severo dosel de la legalidad[1]. Vemos así leyes inicuas como la del aborto por la que se da carácter legal a la horrible injusticia del genocidio de la actual matanza de inocentes ante una sociedad dormida y anestesiada por el hedonismo y los medios de comunicación y los gobiernos controlados y dirigidos por la masonería. Y lo más grave aún: se convierte un delito,- el asesinato de los niños-, en un derecho de la madre. Un delito convertido en derecho, el colmo de la injusticia. La injusticia convertida en Ley.

Vemos como se ha cumplido y como se está cumpliendo el segundo párrafo en sus tres puntos, el relativo al protestantismo con todas las herejías de él derivadas; el relativo al anticlericalismo y la época de la injusticia.

El más criminal de los hombres, a que se refiere el tercer párrafo, es sin lugar a dudas Lenin y el fruto de su obra: el comunismo, que, ayudado por la banca judía norteamericana, implantó un régimen de terror primero en Rusia y después extendido a todo el mundo provocando, en los lugares en que triunfó, terribles matanzas de cristianos, como la habida en España en los años 1936 a 1939 en donde fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y seglares a millares, como jamás había ocurrido en la historia, ni siquiera en las peores épocas de persecución en el Imperio romano, bajo Nerón, Diocleciano y los demás emperadores tiranos, se habían asesinado tal cantidad de mártires que llenaron el cielo de palmas.

Hemos visto como el comunismo ha llevado la miseria y las lágrimas por todos los lugares donde ha pasado. Ha cometido crímenes espantosos en los países que cayeron bajo su poder con genocidios que van desde Catín a Paracuellos. Agotado el comunismo de Rusia, en su vejez y  maldad, ha necesitado tomar un descanso para recuperar fuerzas haciendo que las potencias libres bajen la guardia y se ha revestido de la máscara de la democracia, pero sigue siendo una potencia temible que aún no ha terminado su siniestra actuación en la historia. Hemos visto anteriormente como se identifica a Rusia con Gog con lo ello supone.

Si se han cumplido los tres párrafos citados de la profecía de la santa princesa sueca hay base prudente para pensar que también se ha de cumplir lo predicho en el cuarto párrafo que se refiere al triunfo definitivo del bien sobre el mal y que el forjador de la gran victoria será español y España la nación providencial encargada de aplastar al monstruo. La santa se refiere a una batalla futura, que aun no ha tenido lugar. Eso es la profecía: predecir un futuro con el grado de certeza y exactitud a como lo hace esta vidente, que, si acertó en todo lo que ya ha ocurrido, nos permite pensar que, de igual forma, se cumplirá lo pendiente de realizar.



[1] L. Galuá, obra citada.

Elena Aiello


Fue la fundadora en Cosenza, Italia, de la Congregación de la Divina Misericordia. Durante muchos años ha sido uno de los fenómenos místicos más espectaculares, con sus reproducciones dolorosas de la Pasión de Nuestro Señor. Hizo numerosas profecías que tuvieron cabal cumplimiento como la referente a la caída de Mussolini, con una de cuyas hermanas tenía una gran amistad y mantuvo una frecuente correspondencia.

A la Madre Elena Aiello corresponden estas palabras:

“Jesús se me apareció cubierto de sangre y de llagas y me dijo “Mira, hija mía, como los pecados de los hombres me han herido. El mundo se ha sumergido enteramente en la suciedad y desborda la corrupción. Los gobiernos de los pueblos se han levantado como demonios encarnados. Mientras hablan de paz, se están preparando para una guerra con armas devastadoras para la destrucción de pueblos y naciones. Los hombres se hicieron ingratos a mi Sagrado Corazón y, abusando de mi misericordia, han transformado la tierra en una escena de crímenes. Muchos escándalos llevan a las almas a la perdición..., especialmente por la corrupción de la juventud.

Violados hasta el límite, excitados, desenfrenados para los goces y placeres del mundo, su espíritu está degenerado en la corrupción del pecado. El mal ejemplo de los padres educa a los hijos en escándalo y en infidelidad, en vez de en virtud y en rezos. El rezo está casi muerto en los labios de muchos. Manchado y degradado en la fuente de la fe  y de la santidad el hogar.

La voluntad de los hombres ya no cambia. Viven en la obstinación del pecado. Más severos serán los castigos y plagas para llevarlos al camino de Dios; pero los hombres se ponen más furiosos, como bestias heridas, y endurecen sus corazones hacia la gracia de Dios.

El mundo ya no merece perdón, sino solamente fuego, destrucción y muerte.

Se necesita más oración y penitencia de mis almas fieles para aplacar la Justicia Divina, para atemperar la justa sentencia del castigo, que ha sido suspendido en la tierra por la intercesión de mi amada Madre, que es también la Madre de todo el linaje humano. ¡Oh, qué triste está mi Corazón al ver que los hombres no responden a los muchos llamamientos de amor y de dolor, dirigidos por mi amada Madre a la humanidad errante!. Errando en la oscuridad siguen viviendo en sus pecados y se alejan más de Dios; pero el castigo de fuego se acerca para purificar la tierra de las iniquidades de los perversos.

La justicia de Dios exige reparación por las muchas ofensas y crímenes que cubren la tierra. Los hombres están obstinados en sus delitos y no vuelven a Dios. Se oponen a la Iglesia, y los sacerdotes son despreciados a causa de los escándalos de los perversos.

Ayúdame, sufriendo, a reparar por las muchas ofensas, y de esta manera, salvar en parte a la humanidad, precipitada en el fango de la corrupción y muerte.
Anuncia a la humanidad que debe volver a Dios, haciendo penitencia y haciéndolo así tienen esperanza de ser perdonados y salvados de la justa venganza de un Dios despreciado” Diciendo esto el Señor desapareció y entonces se presentó la Santísima Virgen y acercándose a mí y con profundo dolor, me dijo: “Oyeme con atención y revela a todo el mundo: Mi corazón está muy triste por los sufrimientos que vendrán sobre un mundo que se bate en una catástrofe inminente. La Justicia de Dios es ofendida en extremo. Los hombres viven en la obstinación de sus pecados. La ira de Dios está muy cerca. Proclama, grita en alta voz, hasta que los sacerdotes de Dios oigan mi voz para que avisen a la humanidad de que el castigo está muy cerca, y si los hombres no vuelven a Dios con la oración y la penitencia, el mundo será lanzado a una nueva y más terrible guerra.

Nubes con relámpagos penetrantes de fuego del cielo y una tempestad de fuego caerán en la tierra. Este castigo terrible que nunca se ha visto en la historia de la humanidad durará setenta horas. Los ateos serán aplastados y aniquilados y muchos se perderán porque permanecerán en la obstinación de sus pecados. Entonces se verá el poder de la luz sobre el poder de las tinieblas. No guardes silencio, hija mía, porque las horas de las tinieblas y del abandono se acercan.

Esta santa religiosa tuvo unas últimas visiones que transcribimos: Rusia invadirá pronto Europa y traerá muchas desgracias sobre Italia. Tuvo la visión de la ciudad del vaticano invadida por los comunistas, en una revuelta con persecuciones al Santo Padre y a la Iglesia.
Las fuerzas del mal están preparadas para desencadenarse en todas las partes del mundo, con terrible violencia. Terrible será la convulsión que vendrá...Italia será humillada y purificada en la sangre y deberá sufrir mucho, porque muchos son los pecados que se cometen en esta nación predilecta, sede del Vicario de Cristo. No podéis imaginaros lo que sucederá. Se desencadenará una terrible revolución y los caminos quedarán enrojecidos con la sangre. El Papa sufrirá mucho, y todos estos sufrimientos serán una agonía que abreviará su peregrinación terrena. Su sucesor gobernará la nave en la tempestad.

Pero no se retrasará el castigo de los impíos. Aquel día será espantoso, de la manera más terrible: la tierra temblará y purificará a toda la humanidad. Los malvados perecerán en los tremendos rigores de la Justicia divina.

Una propaganda impía, ha difundido por el mundo muchos errores, resultando en todas partes, persecuciones, ruinas y muertes. Si los hombres no cesan de ofender a mi Hijo, no estará lejos el tiempo en que la justicia del Padre, enviará sobre la tierra el azote merecido y será el peor castigo que jamás se ha visto en la historia de la humanidad. Cuando en el cielo aparezca una señal extraordinaria, sabed los hombres que está próximo el castigo del mundo.

Rogad intensamente... Roma será castigada... Rusia se impondrá sobre todas las naciones, de manera especial sobre Italia, y elevará la bandera roja sobre la cúpula de San Pedro.
La hora terrible avanza sobre el mundo; muchas naciones serán castigadas, especialmente Italia por revoluciones sangrientas... Rusia ha preparado sus armas secretas contra América, contra Francia y contra Alemania. La guerra está próxima. El Rin de Alemania-Suiza estará lleno de cadáveres y de sangre. El Papa deberá sufrir mucho.[1]



[1] Francisco Spadafora. Roma 1976.